Durante décadas, los exjugadores del Club León y del Unión de Curtidores sabían exactamente a dónde acudir cuando necesitaban atención dental. El consultorio de Gustavo Rodríguez Alfaro se convirtió en un punto de encuentro para varias generaciones de futbolistas leoneses. Algunos llegaban recomendados por antiguos compañeros de equipo. Otros porque atravesaban dificultades económicas y sabían que encontrarían ayuda. Para muchos veteranos del futbol local, Gustavo no era solamente un dentista: era uno de los suyos. Su historia resulta poco común. Fue futbolista profesional, compartió vestidor con figuras del Club León, jugó en el Unión de Curtidores y, tras dejar las canchas, dedicó casi seis décadas a atender pacientes sin romper nunca el vínculo con el futbol. Su padre, Gustavo Rodríguez Martínez, originario de Puebla, llegó a la ciudad en 1937 después de graduarse como cirujano dentista en la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue uno de los primeros especialistas establecidos en León y abrió su consultorio en el edificio de Las Fábricas de Francia, frente a la Plaza Principal. Se casó con Honoria Alfaro, también cirujano dentista. En una época en que pocas mujeres cursaban estudios profesionales, ella formó parte de una generación pionera. La pareja tuvo dos hijos: Georgina y Gustavo. El consultorio de Rodríguez Martínez pronto ganó clientela. Su nieto Gustavo Rodríguez Junquera recuerda que mantenía abiertas las puertas para quien solicitara atención. Con el tiempo se convirtió en una referencia para numerosas familias leonesas. En junio de 1970, cuando León era una de las subsedes de la Copa Mundial de Futbol, el consultorio recibió una visita inesperada. La Selección de Alemania Federal se hospedaba en Comanjilla y utilizaba instalaciones de León para entrenar. Recibió una llamada para atender de urgencia a uno de los futbolistas alemanes. Era de noche. El paciente era Gerd Müller, considerado entonces uno de los delanteros más importantes del futbol internacional. El jugador acudió al consultorio de Gustavo Rodríguez Martínez. Un fotógrafo documentó la consulta y el diario deportivo ESTO publicó una entrevista con el dentista. Terminada la atención, Müller preguntó cuánto debía pagar. La respuesta fue que no tenía ningún adeudo. Como agradecimiento ofreció boletos para uno de los encuentros de la Copa del Mundo. El dentista le explicó que ya contaba con entradas para los partidos. Entonces le pidió fotografías autografiadas. Días después recibió algo más. La selección alemana le obsequió un balón firmado por todos sus integrantes. El balón permanece en poder de la familia. Con el paso del tiempo, las firmas se han ido borrando, pero el recuerdo sigue intacto. Tres años después, en 1973, Gustavo Rodríguez Martínez falleció a los 65 años. Alcanzó a ver a su hijo graduarse y comenzar su propia carrera profesional. Nacido en León en 1942, Gustavo Rodríguez Alfaro pasó su infancia rodeado de dos mundos que marcarían su vida. Por un lado, la odontología. Su padre, Gustavo Rodríguez Martínez, y su madre, Honoria Alfaro, eran cirujanos dentistas y formaban parte de una familia pionera dentro de la profesión en León. Por otro lado, el futbol